Jobs vs Steve Jobs: 5 claves para escoger la mejor versión

by - octubre 06, 2017

michael fassbender y ashton kutcher interpretan a Steve Jobs en dos versiones de la película


Cada vez que la veo (y ya van dos) me parece mejor, y eso pasa con pocas películas. Steve Jobs ha sido uno de los personajes más importantes del siglo XX, bien sea por lo que ha significado por la tecnología, o simplemente por su repercusión como carismático director de Apple, que además ha brindado multitud de frases motivacionales a mansalva, utilizables en las redes sociales. Es tal la importancia, que en Hollywood tras su muerte, se pusieron en marcha diferentes versiones sobre su vida. Una, mucho más clásica en cuanto a su formato narrativo, protagonizada por Ashton Kutcher, y que llegó en 2013, y la otra, en 2016 con los rasgos de Michael Fassbender. La diferencia abismal en cuanto a la manera de contar la vida de este gran hombre, es un interesante punto de partida para valorar un género que suele dar resultados interesantes en el cine. Realicemos una comparativa acerca de qué película es más interesante en cinco puntos.




1. La mano de Danny Boyle

Nadie discute el buen hacer del director Joshua Michael Stern para dirigir la película Jobs (2013), de hecho, tal vez sea su obra más redonda. Tercera película en la carrera de Michael Stern, que no ha sido demasiado exitosa, y no tiene un estilo apurado. ¿A alguien le suenan Neverwas (2006) y Swing vote (2008)? Pues eso. Las comparaciones son odiosas, pero en un análisis de ambas versiones sobre un mismo personaje, toca hacerlas. Danny Boyle es algo más que un correcto artesano, es el responsable de películas como Trainspotting (1996), La Playa (2000), 28 días después (2002) o Slumdog Millonaire (2008), que precisamente tiene un Oscar al mejor director por esta película. Las carreras son incomparables, y si Boyle ha llegado hasta dónde está, ha sido por tener un estilo propio. Steve Jobs (2016) es puro estilismo visual; planos cuidados al detalle y visualmente ingeniosa con muchas ideas. La Jobs de Michael Stern, sin quitarle méritos, es un ejercicio de estilo al más puro biopic clásico de cine.

Danny Boyle dando indicaciones a Michael Fassbender durante el rodaje de Steve Jobs (2016)
Danny Boyle dando indicaciones a Michael Fassbender durante el rodaje de Steve Jobs (2016)

2. Clasicismo vs originalidad

Y si de clasicismo hay que hablar, es precisamente porque lo que se echa en falta en Jobs (2013) es un poco de riesgo. La exposición narrativa de los hechos es puramente lineal, no hay siquiera un sólo juego con la línea temporal, ni un mísero montaje paralelo. Sigue la vida del fundador de Apple desde sus inicios universitarios, que bien es cierto que la versión de Boyle no contempla esa parte de la vida del protagonista. Sin embargo, compensa la condensación narrativa con una cuidada planificación en los planos y en los encuadres, y una edición de la película inteligente y perfecta. En algunas ocasiones, hasta asistimos a dos escenas simultáneamente pero en diferentes momentos del tiempo. Escenas que por cierto, se repiten en ambas películas por su importancia. Por ejemplo, el momento en el que Steve Jobs es despedido, en la versión del 2013 se cuenta de un modo bastante lineal y sin muchas filigranas dramáticas, en cambio, en la de 2016, se intercala con el presente en ese momento, además adornado con una fotografía y una composición que dramatizan aún más ese instante. Puro cine frente a narración estándard.

Ashton Kutcher posando como Steve Jobs, en una imagen promocional de Jobs (2013)
Ashton Kutcher posando como Steve Jobs, en una imagen promocional de Jobs (2013)


3. El efecto Sorkin

Gran parte de la "culpa" de que Steve Jobs sea la joya cinematográfica que es, se la debemos al responsable del libreto; el gran Aaron Sorkin, autor por cierto de otro "biopic" de uno de los padres de la revolución tecnológica actual: La Red Social (2010), la famosa película sobre la fundación de Facebook por parte de Mark Zuckerberg. Sorkin tiene aquí la inteligencia de transmitir la personalidad de Steve Jobs en tres momentos clave de su vida: la presentación del primer Mac en 1984, la del ordenador NeXT en 1988, y la del iMac en 1998. Tres momentos puntuales por los que Steve Jobs va encontrándose con aquellas personas que han sido importantes en algún momento de su vida: viejos amigos, socios, figuras paternas e incluso la família. Asistimos a los rápidos y milimétricos diálogos que nos van dejando pistas sobre la compleja personalidad de este visionario, además de adornarlo con reflexiones de las que dejan poso en el espectador, como si la genialidad y la decencia pueden ir de la mano. En Jobs (2013), el guión es más lineal y sí que es verdad que tiene una mayor cantidad de escenas y de escenarios, y por supuesto, profusión de personajes reales. Pero a veces menos es más, y en este caso se cumple a la perfección. Por mostrar más momentos y ser más fieles a la realidad, se pierde un poco de fuerza en la historia.

Danny Boyle y Aaron Sorkin en el set de Steve Jobs (2016)
Danny Boyle y Aaron Sorkin en el set de Steve Jobs (2016)

4. Basada en una historia real

Volviendo al tema de la fidelidad a la historia real, en este punto hay que romper una lanza en favor de Jobs (2013), Michael Stern y los responsables de esta película optaron por contarnos más cosas acerca de la figura de Steve Jobs, mostrando momentos como su viaje a la India o algunas de sus manías como la de ducharse más bien poco o ir descalzo. Matices que hacen que conozcamos un poco más al personaje, pero que en realidad lo convierten simplemente en un tipo peculiar. La idea de la película de Steve Jobs (2016) es tirar de dramatismo cinematográfico; sí, estamos seguros de que en las presentaciones que se muestran en la cinta no tuvieron lugar ese tipo de situaciones previas, pero en la película ayudan a construir la figura del visionario que creó el iPhone, sin tener que pararse en tantos detalles. Quién prefiera saber un poco más de historia acerca de esta controvertida figura, que se decante por la versión de 2013, quién busque cine e historia en una sola película, la de 2016 es la mejor elección. Hay que añadir, eso sí, que toda la parte de la relación con su hija que se narra en Steve Jobs, es de una fuerza emocional que llena de por sí toda la película.

  De izquierda a derecha: Ashton Kutcher, Steve Jobs y Michael Fassbender
De izquierda a derecha: Ashton Kutcher, Steve Jobs y Michael Fassbender


5. Kutcher vs Fassbender

Llegamos al punto culminante de esta comparativa, y es que aquí en realidad, hay poco que decir. Echando un repaso a la carrera de ambos intérpretes y a sus películas, la diferencia de calidad interpretativa es evidente. Ashton Kutcher tiene un parecido asombroso con el fundador de Apple, eso es innegable, y su interpretación de este personaje tal vez sea la mejor de su carrera, hasta el punto de que aún no la ha superado con ninguna posterior. Kutcher es un rostro atractivo y tiene buena presencia, se entrega en cuerpo y alma a dar vida al que hasta ahora ha sido el papel para el que parece haber nacido. Y todos estaban contentos con la representación en pantalla que hizo Kutcher, hasta que nos enteramos que Fassbender iba a dar vida también a Steve Jobs. Las primeras opiniones -acertadas, todo hay que decirlo- subrayaban la gran diferencia física que había entre el fallecido Jobs y Michael Fassbender. Pero cuando uno mira la carrera de este actor irlandés y mira algunas de las películas en las que ha aparecido, la similitud física pasa a un segundo plano.
Sin embargo, Michael se mete tanto en el papel, que llega un punto en la película, que dejas de ver al actor, para ver a Steve Jobs. Adopta sus maneras, su estética y su alma, para convertirse en Jobs. Toda la personalidad que la película de Boyle se empeña en señalar como parte del personaje, está en los rasgos de Fassbender. De hecho, fue nominado al Oscar (junto a Kate Winslet) por esta película.

Michael Fassbender caracterizado como Steve Jobs en la película homónima
Michael Fassbender caracterizado como Steve Jobs en la película homónima

Y al resto de actores, la comparación también es evidente: Kate Winslet, Seth Rogen o Jeff Daniels acompañan a Fassbender dando vida a algunos de los personajes clave en su vida. Josh Gad, Dermot Mulroney o Matthew Modine rodean a Ashton Kutcher. No son ninguno de los dos un mal plantel de actores, pero los que aparecen en Steve Jobs parecen estar en estado de gracia, incluso Rogen está increíble como Steve Wozniak, el mejor amigo de Steve.

Tras los cinco puntos, queda claro, al menos para mí, que película es la más completa y redonda, y por supuesto, cuál de las dos se disfruta más sin lugar a dudas: Steve Jobs es una maravilla, e incomprensiblemente no tuvo demasiada repercusión. Diría que quizás, es incluso superior a esa obra maestra que resultó ser La Red Social (2010). Danny Boyle está excelente tras las cámaras, el guión de Sorkin es una bomba de relojería y Michael Fassbender está perfecto. No hay demasiadas pegas.

Quizás el tramo final de la película es el único punto débil, que tiende a humanizar a un personaje que hasta ese momento se había mostrado ególatra, ambicioso y narcisista. Se lo perdonamos porque te ayuda a entender mejor a uno de los personajes más importantes del siglo XX.  No es sencillo que un tipo como Steve Jobs te caiga bien. Jobs (2013) intenta humanizarlo y hacerlo víctima de las circunstancias y de los demás, tal vez porque el recuerdo de su fallecimiento (tan solo dos años antes del estreno) estaba aún muy reciente. Boyle y Sorkin van más allá y se atreven a construir un personaje un poco más desagradable, pero al fin y al cabo, más cercano a esos rumores que más de una vez han dejado caer de que Steve Jobs era un visionario, pero también un tío difícil con sus empleados.

A veces cambiar el mundo te hace ser una persona solitaria e incomprendida, y parece que él fue el perfecto ejemplo.

XOXO SoldieRyan

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