Dioses y monstruos (alemanes): Klaus Kinski

by - octubre 21, 2017


De vez en cuando no está de más recordar a los grandes. Muchas veces se nos olvida que a veces, para abrir otros terrenos inexplorados, primero algunos deben atreverse a realizar ese esfuerzo. En el mundo del cine, pasa un poco lo mismo. Reciente ha sido la noticia del fallecimiento del actor argentino (asiduo al cine español) Federico Luppi, y se ha comentado su controvertida vida privada, como a pesar de ser un genio de la interpretación, tenía una personalidad un poco complicada. Cuando uno investiga un poco en el cine alemán, se topa de entrada con Klaus Kinski, uno de los actores alemanes más famosos  de la historia del séptimo arte. Vamos a conocerlo un poco más a través de algunos de sus papeles más destacados.

Doctor Zhivago (1965): hablar de los inicios de Kinski pasa por hablar de su pasado como soldado alemán, su posterior captura por parte de los aliados y su estancia en un campo de concentración. Después pasó al teatro, dónde se granjeó cierta reputación como actor intenso, gracias a sus monólogos interpretando papeles en obras de Shakespeare, para terminar metido en el mundo del cine, mucho más rentable como él mismo reconocía. Actor intenso y de rostro peculiar, en Hollywood se aficionó a los papeles con ciertas tendencias psicópatas o de cordura cuestionable. Quizás su papel más famoso en este contexto sea el de la película Doctor Zhivago. Papel secundario que le abrió las puertas para trabajar en obras cumbres del género del spaguetti western como La muerte tenía un precio (1966).


Marqués de Sade: Justine (1969): uno de los directores que le recuerda con más cariño, ya que la mayoría de las personas que trabajaron con él no guarda muy buen recuerdo, es el realizador español Jesús Franco. Uno de los pilares del terror casposo de nuestro país, y todo un artesano en lo suyo, le dio el papel principal en esta particular versión del famoso Marqués, que hasta se ajustaba un poco a la personalidad de Kinski. El actor alemán, confesado adicto al sexo y a otras curiosas filias como la coprolalia, interpretó al Marqués de Sade en esta película de alto contenido erótico, al que era tan aficionado el director Jesús Franco. Colaboración que se repitió en Jack The Ripper (1976).


Aguirre, la cólera de Dios (1972): y si de directores amantes de sus interpretaciones tenemos que hablar, no se puede hacer referencia a Klaus Kinski sin mencionar a su paisano, el realizador Werner Herzog. Esta es una de las personas que mejor conoció a Kinski, puesto que trabajaron en multitud de películas, y además, su famosa relación amor-odio entre ambos genios es una de las más conflictivas que se recuerdan en el séptimo arte. En la mencionada película, y quizás una de las mejores de todas las colaboraciones que vendrían entre ambos, Kinski interpreta al famoso conquistador español, que partió a América en el siglo XVI con la expedición de Gonzalo Pizarro para conquistar aquellas tierras. Sin embargo, Aguirre se reveló contra sus superiores y con un grupo de sus fieles hombres, se dispuso a encontrar por su cuenta la legendaria ciudad de El Dorado. La película se convirtió casi instantáneamente en una obra de culto, y famosa es por el genial papel que Klaus realizó del personaje histórico, con su proceso de deterioro mental.


Nosferatu, el fantasma de  la noche (1976): repitieron hasta en tres ocasiones más el tándem actor y director, a pesar de sus malas relaciones. Y el otro papel más famoso de esta curiosa relación, sería el del vampiro en el remake de la película homónima de 1922 que realizó otro paisano de ambos, el director alemán FW Murnau. Kinski interpretaba aquí al vampiro, en una película que contaba la particular visión de Drácula, adaptada al imaginario de la época y con las debidas adaptaciones. Un papel muy conseguido junto a una acertada caracterización, con la que nuevamente Kinski quedaba perfecto en el papel del terrible conde.


Kinski: Paganini (1989): y llegamos a la obra cumbre, a nivel personal, de este peculiar actor teutón. Un proyecto que él se encargó de dirigir, protagonizar y producir, y que era una especie de biopic sobre el famoso violinista italiano. Su idea inicial era hacer una serie para televisión de 16 horas que, sobre todo debido a las primeras críticas, quedó en una película estrenada en cines y en televisión en Alemania de manera simultánea. A partir de ahí, su carrera fue en declive y desde luego, no volvió a ser lo mismo a pesar del interés con el que directores consagrados de la talla de Pasolini, Visconti o incluso el propio Spielberg, quisieron contar con él para algunos proyectos. Tuvo tiempo de participar en una película para otro director español, Fernando Colomo.

Si no has visto aún a Kinski en acción, ya estás tardando, pues es toda una experiencia disfrutar de sus interpretaciones. Su película póstuma, dirigida precisamente por el director que mejor supo entenderle, o al menos, el que sacó mayor provecho de su difícil carácter, fue Mi enemigo íntimo (1999), film en el que justamente se contaba la complicada relación profesional y personal que tenían Werner Herzog y Klaus Kinski. El actor vio su final a los 65 años de edad debido a un ataque cardíaco. Triste final para un grande del cine.


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