La emoción del cine 2: manipulación

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Cartel promocional de la película Un monstruo viene a verme

¿Sabéis que es la pornografía? Seguro que sí. ¿Y la comida basura? Apuesto que también. Productos fabricados en cadena y a toda prisa para suministrar placer, ya sea viéndolo, comiéndolo o ambos, porque no, dicen que en esta vida todo es probar. Básicamente el objetivo que buscan es una respuesta inmediata y una rentabilidad al producto en cuestión. Y no, aunque lo parezca no me he equivocado de blog, de temática, ni de entrada. Este post, con un título tan cinematográfico, es la evolución, o más bien la visión desde otra vertiente, de una entrada anterior de este blog: la emoción del cine. La diferencia en este caso, es que estoy hablando de cine, pero no del porno, este que comentaba al principio, sino del otro. Aunque a veces, la diferencia es tan pequeña, que ya no sabes quién juega más contigo.

Un monstruo viene a verme, seguro que TODO el mundo en España sabe que película es. Se han hartado de publicitarla, de venderla, de anunciarla hasta en el papel de cocina, en fin, de meterla en todas partes para que quieras ir a verla y pagues tu entrada, si no, eres ciudadano de segunda. Me he leído el libro, y sí, es bonito. Un corto cuento, con más cuentos dentro de unas 200 páginas y pico, poco más. Habla del bullying, del cáncer y de la infancia, todo muy sentimental. ¿Conocéis el concepto pornografía sentimental? En el cine la hay, y a raudales, pero vamos a definir el concepto primero:

Pornografía sentimental: usar las emociones para, a sabiendas, tocar la fibra a la persona de turno. 

Esto, aplicado al cine, es muy sencillo. Los seres humanos tendemos a empatizar bastante rápido con cualquier situación de injusticia o sufrimiento, con la que podamos identificarnos por cercanía emocional. Significa que las emociones las tenemos todos, salvo que seas un psicópata, lo cuál ya es otro problema. Es muy sencillo conectar -por llamarlo de alguna manera- con el respetable en una película. Basta con tratar algún tema de fuerte carga emocional, en el que alguien bueno o con valores decentes, sufra y viva situaciones difíciles. Ya si se supera y derrota a sus miedos o problemas, es casi un orgasmo. De esto va la pornografía sentimental en el cine, tocar la fibra con alguna historia dura con la que cualquier persona pueda empatizar, ya sea por la dureza de lo que se cuenta o porque sea algo muy primario. Y el cáncer, la infancia y el bullying lo son, básicamente porque se sienten cerca y posibles, dentro de la realidad en la que vivimos.

Fotograma de la película Lo imposible, con Ewa MacGregor abrazando a sus hijos en la ficción
Fotograma de la película Lo imposible, con Ewa MacGregor abrazando a sus hijos en la ficción
En realidad la película de Bayona me ha servido de excusa para tratar el tema, pero desde luego él es un maestro en esto del uso de las emociones en el cine. Su anterior película, Lo imposible (2012), ya sabía muy bien lo que hacía, al narrar la peripecia de una familia occidental atrapada en el tsunami de Tailandia, que ocurrió en la realidad en 2004. La familia siempre es algo con lo que la mayoría de nosotros conectamos, porque tenemos una, y estamos unidos a ella por lazos más o menos fuertes, por tanto, es algo fácil con lo que conectar. A nadie le gusta que su familia sufra, así que cuando ves una en pantalla, en apariencia además buena y decente, te identificas rápidamente con ellos, porqué piensas que te podría pasar a ti.

Desde luego el cine está lleno de ejemplos así, y evidentemente Hollywood es una mina de películas de este tipo. Bajo la misma estrella (2014), Yo antes de ti (2016), El diario de Noa (2004), Una mente maravillosa (2002) o Forrest Gump (1994), ejemplos muy distintos a simple vista, pero que tratan temas comunes como el amor, la enfermedad, la familia, la juventud y la muerte. El secreto precisamente del éxito, está en la manera en que estas películas logran tratar temas tan cercanos para todos, y por eso, es que emocionan a la mayoría.

Los protagonistas de la película Bajo la misma estrella, Ansel Elgort y Shailene Woodley
Los protagonistas de la película Bajo la misma estrella, Ansel Elgort y Shailene Woodley
Pero esto puede ser un error si está mal usado, es decir, si es algo demasiado evidente, directamente puede conseguir el efecto contrario: si la película es demasiado dramática y los protagonistas demasiado buenos, al final te saca de la historia por lo inverosímil que resulta, es demasiado intenso, incluso para nosotros. Está claro que a todo el mundo le gusta que le remuevan un poco de vez en cuando en el cine, que le hagan pensar o sentir, que conecte consigo mismo y con lo que le toca las entrañas. Mal llevado, puede ser un desastre precisamente porque es demasiado claro, te pones a la defensiva y piensas: "quieren que llore, pues no voy a llorar". Y así pasas el resto de la película sin entrar en la historia, porque te sientes engañado.

Es lo peor que le puede pasar a una película, que sus "trucos" de guión se vean a leguas y por tanto, todo parezca forzado, obligado y casi impuesto, con lo cual, no se participa en el juego de lo que te cuentan. Por eso en la mayoría de ocasiones, es mejor optar por contar una "historia normal", que resulte creíble aunque sea dramática, porque si no, se puede obtener el efecto contrario; que lo que supuestamente debía emocionar, te acabe provocando rechazo.

Russell Crowe como esquizofrénico en Una mente maravillosa (2002)
Russell Crowe como esquizofrénico en Una mente maravillosa (2002)
Entonces se entiende por pornografía sentimental en el cine, toda aquella película cuyo objetivo claro es emocionarte de manera manipuladora, sin dejarte espacio para que seas tú mismo el que escoja cómo conectar con lo que te cuentan. Te opacan la visión con dramatismo intenso, que al final te empuja hacia fuera por ser tan cristalino. Una pena, porque se desaprovecha todo el potencial de la historia. Me consta que las críticas que ha recibido la película de Bayona van en esa dirección. Una cosa es ser dramático, la otra intencionadamente dramático. La una parece casualidad, la otra es obligada. A nadie le gusta que le obliguen a llorar, que le hagan pasarlo mal a propósito para llorar, de eso va la pornografía sentimental.

Dicho esto, y como reflexión personal. Para mí la manipulación en libros es distinta, porque son textos y tú puedes tener libertad para imaginártelo, pero en un cine, que es una experiencia un tanto más inmersiva, sobretodo en lo visual, no deja lugar a dudas cuando te manipulan con las imágenes.

Como veis, no toda la pornografía es disfrutable, en teoría.

XOXO SoldieRyan

PD: Un monstruo viene a verme, ya es la película española más taquillera del año

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